Semana 2: encerrados, en la carretera y en un resort para perros
- Matthias Fröhlich

- 23 nov
- 2 Min. de lectura
La segunda semana ya nos resulta mucho más familiar. Llevamos un ritmo, ya no estamos estancados en un solo lugar, y parece que navegamos con más facilidad por España. El paisaje cambia constantemente: naranjos, montañas, extensas llanuras. Y justo en medio de todo esto estamos nosotros dos, Milo y Mooi, y nuestro Bäri.
Un punto culminante fue el camping dog-friendly en Ondara. Un lugar que no solo tolera perros, sino que los toma en serio. Amplias zonas sin correa, circuitos de agility, mucho espacio para correr. Mooi enseguida se puso en modo "Aquí lo tengo todo bajo control". A Milo le habría encantado mudarse enseguida. Para nosotros, fue un lugar para respirar. Un café en la mano, perros correteando, el sol en la cara. Así era exactamente como habíamos imaginado este viaje.

Entre medias, condujimos por un paisaje realmente precioso. Largos tramos sin tráfico, con esos colores cálidos que solo se encuentran en España. De vez en cuando, una breve parada, el dron en marcha, los perros en marcha, y luego seguimos adelante. Ambos nos dimos cuenta de lo bien que se sentía este desapego.
Y entonces llegó nuestro pequeño contratiempo de la semana. Nuestro sistema de seguridad es de primera: sistema de alarma, GPS, cadenas en las puertas y Mooi como sirena viviente. El único problema es que pones las cadenas por la noche y olvidas quitarlas por la mañana. Las puertas delanteras se desbloqueaban, sí, pero no se podían abrir con la cadena puesta. Y ahí estábamos, atrapados afuera. Las llaves dentro de la furgoneta. El café dentro de la furgoneta. Todo dentro de la furgoneta.
Con un poco de acrobacia, una maldición murmurada y un moretón, logramos entrar. No revelaremos exactamente cómo. Pero ahora lo sabemos: nuestra póliza de seguro incluso funciona en nuestra contra.
Tuvimos que huir una vez más. Al principio, el lugar parecía ideal, hasta que el hedor casi nos tiró de las sillas. Así que empacamos de nuevo y seguimos adelante. No fue gran cosa, más bien un momento de risa. Lección aprendida: a veces, tu olfato decide.
La segunda semana fue una mezcla de naturaleza, pequeños contratiempos, lugares geniales y mucha libertad. Estamos llegando poco a poco. No a un lugar específico, sino en pleno proceso de viaje.




















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